Después del viaje a Quiocta –otro atractivo espectacular de la provincia de Luya – con amigos y tutores del evento, fuimos al barrio de Santa Ana a insistencia mía para conocer esta diminuta imagen que causa admiración a todo aquel que lo visita, y vaya que es así. Al abrirse las puertas de la capilla, fuertes y agradables olores a crisantemos, azucenas y claveles, así como a flores inundan nuestros sentidos. A lo lejos se ve un altar muy bien iluminado. Resalta un capullo rojo de fondo amarillo con luces blancas. De la imagen nada. Al acercarse al altar y otear el lugar una figura plateada brilla con luz propia, es el “Inmaculado Corazón de María”. Sinceramente mide tres centímetros de altura.
SU HISTORIA.
“Idelfo Zegarra, huérfano de padre, que vivía junto a su anciana madre, Doña Ricardina Castañeda, tenía dos actividades que desarrollar en su infancia: Ir a la escuela Nº 18109 de Lámud y madrugar todos los días a Shanín con el propósito de juntar escobas de paja para venderlo y mantener su hogar.
Tantas idas y vueltas y las pérdidas de las pajas en diferentes huertas de Shanín, uno de los dueños decidió madrugar para identificar al ladrón, al encontrar dentro de su propiedad a Idelfo, quitó todas las escobas recogidas y dándole su castigo le mandó a su casa. Idelfo, llorando regresó a casa, dando malayas por su suerte, ya que ese día sin la venta de escobas no tendría para comer.
Esto sucedió el 28 de Julio de 1952. Con el paso de los años, la curiosidad de la gente hizo que se convierta en fe. En la actualidad cuenta con una capilla amplia en el barrio de Santa Ana, sobre un terreno donado por la familia Chocaca Marena. La culminación de la obra fue motivo de algarabía distrital y al acto de bendición acudió el Padre Garín, entonces párroco de Lámud.